Jan 22

En aquellos últimos años de la facultad (1999-2000) estudiábamos cómo funcionaban las audiencias televisivas. Aquellos audímetros que medían sólo 3500 hogares “representativos” de la población, aquellos hombres que escuchaban tras la puerta de cada hogar lo que la gente estaba viendo para luego llamar y entrevistar y comparar sus respuestas con lo que habían espiado. Aquellos productores de programas televisivos que hasta nuestros días han basado sus úlceras mañaneras con los ratios obtenidos de semejante forma, impresos en papel acompañando al café, y pronosticando el futuro de algún concurso o reality show.

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