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Jan 22

En aquellos últimos años de la facultad (1999-2000) estudiábamos cómo funcionaban las audiencias televisivas. Aquellos audímetros que medían sólo 3500 hogares “representativos” de la población, aquellos hombres que escuchaban tras la puerta de cada hogar lo que la gente estaba viendo para luego llamar y entrevistar y comparar sus respuestas con lo que habían espiado. Aquellos productores de programas televisivos que hasta nuestros días han basado sus úlceras mañaneras con los ratios obtenidos de semejante forma, impresos en papel acompañando al café, y pronosticando el futuro de algún concurso o reality show.

Internet estaba en pleno auge, a punto de enfrentarse al “crack de las punto com” y yo típico de mí, tuve que abrir la boca a oídos que no estaban preparados para ello. Pregunté a la profesora sobre la veracidad de aquellos datos de audiencia. Y ella me preguntó si a mí se me ocurría un método mejor de recoger aquellos datos. Yo no le tuve que hacer mucho acopio de ingenio para suponer que aquellos audímetros, que se conectaban a la red telefónica para enviar de madrugada los datos de audiencia evolucionarían probablemente a reducir el tamaño de sus componentes electrónicos y se podrían integrar en los propios aparatos de televisión, si era necesario subvencionando la inclusión de esta tecnología todas las empresas a las que les resultara vital el conocimiento de la opinión de “su público”, de modo que cada hogar opinara sobre los contenidos que deseaba ver en lugar de una pequeña parte de la población.

Por supuesto la gente a mi alrededor se escandalizó con mi hipótesis. Para todos era claro que la gente jamás aceptaría semejante ultraje a su intimidad. Que nadie querría que los demás supieran de sus secretos gustos, sus hábitos de consumo, sus intereses más íntimos… y es que claro, hay que entenderles, aún no había nacido la blogosfera.

Lo que entonces parecía algo propio de 1984 evolucionó en cuanto se extendieron las televisiones de pago, cuyos contenidos consumidos eran registrados en una base de datos, pero claro, aún no registraban a toda la población, sino sólo a aquellos que podían permitirse semejante gasto mensual.

Hoy día internet es un canal más de contenidos audiovisuales en muchos hogares de nuestro país y la gente accede a ellos mediante múltiples plataformas. Y por supuesto, ya sea por medios legales o por piratería ese consumo queda fielmente grabado en las bases de datos. Cada día esta forma de consumir “televisión” bajo demanda desplaza estrepitosamente la televisión convencional, representando cada vez a más gente. Gente a la que no le importa quien tiene acceso a sus gustos porque con respecto a eso no se siente más que un número en unas estadísticas en las que hay muchos más presionando a los proveedores de entretenimiento para que sigan creando contenidos acordes a sus gustos.

Parece, en fin, que la hipótesis de aquel día no fue tan disparatada, que caminamos en esa dirección, y que lo hacemos en beneficio propio.

Miguel Moya Lorman. 22 de enero de 2008

3 Responses to “Los nuevos tiempos de los medios”

  1. Paco Moreno Says:

    Me encanta esa disrtación, Diego. La he leído con interés y me siento identificado con Miguel en ese tema. Pero también que queda mucho para que la gente pueda seleccionar sus contenidos a su gusto… es un gran paso, que en Internet, la gente , el público que demanda los contenidos, en realidad es el que más produce, y la prueba de ello es que redes sociales como Youtube hayan tenido tal éxito. Yo produzcopara gente como yo; que al final de todo es el público al que intereso y que busca mis contenidos… ¿no es eso? Se podría hablar mucho del tema. Un abrazo compañero.

  2. insomnius Says:

    Obviamente no sólo hablamos de Youtube, que es contenido bajo demanda. Esta misma tarde he tenido el privilegio de reunirme con la gente de zattoo para estudiar su plataforma publicitaria, así como sus planes de evolución técnica en los próximos meses. Aquí hablamos de televisión en directo a través del ordenador, pensada principalmente para ver la televisión en una esquina de la pantalla mientras realizas otras tareas en como estudiar o trabajar en él. Hablamos de más de 600000 usuarios que se han registrado en ella en sus primeros 6 meses en España de los cuales más de 250000 lo usan a diario, invirtiendo un promedio de 2,5 horas semanales, el equivalente al consumo medio de un día de televisión tradicional. Y por supuesto el consumo de cada usuario de cada canal queda registrado al segundo, y cotejado con los datos que facilitó a la empresa sobre sí mismo cuando se registró para descargar la aplicación.

    Parece que finalmente a la gente no le está importando demasiado que su consumo sea registrado y hasta se comunican directamente con la empresa proveedora de medios audiovisuales para pedir determinados canales, para pedir poder ver canales de fuera del país donde residen, etc.

    A la gente le gusta que escuchen sus opiniones y los registros de audiencias son otra forma, automática además, de recogerlas, y así facilitarles en un futuro contenidos acordes a sus intereses, tanto audiovisuales como publicitarios.

    Algo que me marcó bastante al respecto hace poco fue la opinión de un amigo. Que haciendo uso de una herramienta p2p para descarga de series televisivas me dijo que ante la gran oferta del mercado seleccionaba los contenidos en base a sus estadísticas de descarga, algo que, pensándolo bien, es más que lógico, pues implica la opinión sobre esos contenidos de miles de personas, y sin embargo qué pocos en España hacen hoy día un consumo tan coherente de contenidos audiovisuales en su cada vez más escaso y, por ende, preciado tiempo “libre”.

  3. Carlos Says:

    Está claro que nos encaminamos hacia un modelo de ‘consumo’ de medios cada vez más a la carta, es decir, la gente ya no se traga cualquier cosa, al menos si hablamos de determinadas franjas de edad. Nuestro tiempo es limitado y seleccionamos, cada vez más como digo, lo que queremos ver, ya sea ‘bajándonos’ series y películas ya sea utilizando plataformas como Zattoo o ya sea navegando por Internet por ejemplo.
    Las empresas generadoras de contenidos y las que los muestran, que no siempre coinciden, deberían tomar nota del nuevo rumbo y empezar a actuar en consecuencia.

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